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Vox Verbi N° 377 Año 15 (2008)
¿No será que el padre Regueiro es sencillamente un cura?
Héctor H. Hernández.

Aquel sermón del Padre Regueiro

¿No será que el padre Regueiro es sencillamente un cura?[1]

El autor de la nota realiza una defensa de la Iglesia y del Estado de Derecho. Lo hace a partir de sus reflexiones sobre la causa que se le sigue al Padre Regueiro, por la desaparición de personas.

El ataque al Padre Regueiro colma el vaso. Ya que él, agobiado por sus tareas en Córdoba (obtenida su libertad partió urgente para darle de comer a sus pobres), no se va a defender en instancia periodística, yo la asumo aquí sabiendo que en sede judicial está muy bien asistido.

Si hay alguien por quien pongo las manos en el fuego es por ese cura; y él me dio la versión de que es absolutamente inocente de cualquier delito, en especial de la desaparición de cualquier persona. Siempre se dedicó a su función sacerdotal, carácter que le fue respetado por las autoridades militares. Y la única relación que tuvo con hechos de la causa con que se lo persigue, fue que hace muchísimos años, siendo capellán del Batallón local, recibió el encargo del Jefe de ocuparse de dos chicos de 2 años y meses, respectivamente. En ese momento estaban desprotegidos y en muy mal estado. Los recibió y los colocó en un hogar de monjas. Hasta que poco después el mismo jefe se los requirió diciéndole que habían aparecido los abuelos. Entonces los devolvió, recuperados, a quien se los había entregado.

Eso es lo sucedido y yo le creo. Cumplió con una orden, pues era personal militar; y con un deber de caridad. Y a esto alguien tiene que decirlo, porque ya se escuchan jóvenes utilizando las noticias tendenciosas respecto del padre para atacar al Catolicismo. Hay una campaña que como católico argentino y nicoleño, y como jurista no consiento. El propio Rolando Hanglin, confesándose “ateo, hijo y nieto de ateos” y de orientación masónica, se hizo eco en el diario La Nación recientemente: “¿Están seguros de que el Padre Gras es un abusador de menores? Porque si resultare que este cura ayudó a 20.000 niños a salir de la miseria y lo masacramos en los medios sin pruebas, estaríamos cometiendo un grandísimo crimen... ¿No será que Gras es sencillamente un cura?”

¿No será que Regueiro es, sencillamente, un cura?

Hay una política tendenciosa setentista que es pública y notoria, sobre la que, Dios mediante, ahondaré en otra ocasión, y de la que ahora es víctima el Padre Miguel. Pero la gente de San Nicolás, que tanto lo recuerda, lo quiere y le cree. Espera y confía en que se respete el estado de derecho.

Héctor H. Hernández.

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Aquel sermón del Padre Regueiro
 (2da. nota)

En El Norte del 4-III-2007, cuando vino aquí detenido, incomunicado, custodiado, a declarar, imputado, escribí “¿No será que el P. Regueiro es sencillamente un cura?” Cuando recuperó en esos días la comunicación, lo fui a visitar a la Policía Federal y recibiéndome con unos ojos de picardía y un gesto rápido circular y nervioso de sus cortos brazos, exclamó:“¡Estoy en libertad, vamos a festejar, vamos a comer afuera!” Habíamos previsto durmiera en casa y se volviera al otro día, pero los dos feligreses de Córdoba que habían venido para llevarlo tenían urgencia porque “la gente nos espera para comer...”

Estábamos almorzando y nos interrumpió un abogado: “Yo hice la colimba y Ud. me nombró en la comisión de soldados...” – Más saludos, gente que lo reconocía, corrió la noticia... pero él se tenía que ir porque “la gente nos espera para comer...” .

Visita
Fuimos al Santuario. Tenía nada más que un décimo de corazón funcionando y muchas enfermedades a cuestas y, sobre llovido mojado, ahora esto de la persecución judicial que me hizo pensar que precipitaría las cosas, pero al ingresar para la Misa tomó fuerzas e inició los cantos con energía. Celebró fervoroso.¡Y qué sermón aquél! Éramos pocos, pero se había juntado gente. Yo anoté algunas cosas, previendo ...

Después fuimos a la Catedral, que recorrió lenta y serenamente, como si en vez de venir para una indagatoria judicial disfrutara de una beca para recordar tiempos idos... o para despedirse Besó el altar mayor con unción y me dijo: “aquí yo me ordené”. Vio la tumba de Monseñor Ponce de León, dio un responso y recordó: “yo lo asistí con los últimos sacramentos en la Clínica San Nicolás; él me ordenó sacerdote”. Lo mismo en la tumba de Monseñor Fioroni, y los recuerdos alusivos. Había vuelto, convocado como un criminal a San Nicolás y después de muchos años, a la escena de su iniciación sacerdotal. Lo acompañé al Obispado y me quedé esperándolo con los cordobeses. Volvió como un niño feliz, por haber recibido la solidaridad de las autoridades católicas, que le retrasmitieron llamados telefónicos de solidaridad, incluso de colegas con los cuales había estado distanciado alguna vez y ahora estaban con él.

Pero decime, ¿no pueden demorar el agasajo?, le pregunté a los cordobeses para tratar de retenerlo y que pudiera descansar. –No, no es un agasajo. Es que la gente si el cura no va no come, porque él tiene que firmar el cheque para que puedan comer los del comedor de la capilla. Con su sueldo de capellán castrense sostenía un comedor, en el barrio paupérrimo donde vivía... Era la razón por la que lamentaba perder el sueldo del Ejército, si la persecución seguía. Atendía por lo menos seis capillas... era el único cura que mantenía en Córdoba el Movimiento Familiar Cristiano... “Yo aprendí el funcionamiento de ese Movimiento de tus padres, que daban las charlas prematrimoniales aquí, cuando yo recién me ordenaba”, me dijo entonces.

Acababa de venir de Europa, le habían pagado el viaje, y había concebido fundar en Córdoba una especie de filial de una Facultad de filosofía y teología vinculada al Instituto del Verbo Encarnado. Tiempo después el profesor Edmundo Gelonch, a cargo de ella, me mandó eufórico la noticia de que se concretaba el proyecto. Es que el P. Miguel estaba siempre lleno de proyectos y vivía cumpliéndolos.

¿No me digas que en estos días de preso anduviste confesando gente? – De nuevo su sonrisa típica fue la respuesta afirmativa. Como San Pablo en su prisión, meta predicar nomás.

Al sufrimiento de tener que venir detenido, custodiado, incomunicado, indagado, sospechado... vendría otro: “otra sotana manchada de sangre”, tituló un diario energúmeno, y en toda la red de información fue puntillosa, nacional, apodícticamente injuriado, vilipendiado, calumniado y sepultado. Pero aceptaba todo. “Si Dios me pide esto y tengo que ir preso toda mi vida lo acepto con todo gusto”... pero tengo mucho por hacer.

El caso
Él, como me lo dijo y lo escribí entonces, recibió de quien era su superior dos chicos en peligro en muy mal estado y desnutridos, y cumpliendo órdenes como capellán castrense pero también de caridad cristiana y de justicia, los entregó a unas monjas no sé cuáles y dos meses después, cuando le ordenaron, los devolvió rozagantes.

Como en las viejas épocas, tenía momentos en que se nos caía: “¿Sabés qué pasa? Que es muy feo para un cura que la gente pueda no acercársele para confesarse porque piense que mató gente. Es la única razón por la cual no me gusta, pero yo acepto lo que el Señor mande”. – Era pura conjetura ... se le siguieron acercando, quizá más que antes. Y, como entonces cuando llegaba a casa hecho una piltrafa por problemas que había tenido y en seguida parecía renacer y se despedía pujante, lleno de proyectos... se levantaba una y otra vez.

En otra oportunidad en que nos vimos, (yo muchas veces pensé que aquella sería la última pero hubo segunda vuelta) me dijo, apenado: “el otro día en Córdoba pasó un tipo y me gritó ´asesino´ ”. Pero quienes lo trataban y quienes van sabiendo cómo viene esta mano, lo acompañaban solidarios y reforzaban su adhesión.

Al poco tiempo resultó que la mancha de horrenda sangre que emporcaba su sotana no había existido y que el proceso, aunque seguía, se había desmigajado, desinflado, pero esto para nadie fue noticia, y el objetivo estaba logrado.¿Quién repara ahora el horrendo daño que la difamación en cadena, ha producido?  – Así hacen.

Los que en los ´70 predicaban con la estampita del Cristo guerrillero o en posiciones cercanas, hablaban de los pobres, sociologizaban con los pobres, encuestaban a los pobres, los llevaban al odio pero no los evangelizaban y la gente no los seguía. Él era el cura de esa villa miseria inmensa que fue Villa Pulmón, en la zona del actual Santuario, y el Párroco de San Cayetano, adonde tiempo después llegó el P. Miguel Nadur y quedó admirado de la obra que encontró hecha por él. Él predicaba al Cristo de ayer, hoy  y siempre. Les daba lo único que les podía dar, y lo principal, y a lo que estaba llamado. No les venía a predicar esos cambios de estructura que a él no le competían y que, olvidadas las bases interiores agravan todo, como Paulo VI lo enseñó clara y proféticamente por aquellos días, explicando lo que debe ser la renovación social según el Concilio y según la Doctrina Social Católica que aquéllos ignoraban  y detestaban.

Misión exitosa
Era un caso de estudio por su éxito con los jóvenes, su éxito en los barrios humildes, su éxito con los matrimonios, o por sus comunidades que nunca podían decir “no sabemos qué hacer”, porque los reventaba trabajando, llenándolos de ideas, dándoles a Dios.

Tenía una rara visión para descubrir vocaciones. ¿Cuántas de sacerdotes se inspiraron en él? Cuando se fue de San Nicolás nos dijo claramente que Fulano debía ser cura, y el P. Marcelo hoy lo es, y que fulana se debía casar con fulano, como que Diana se casó con José. Y así fue todo. Y a los Gelonch les profetizó las vocaciones de sus hijos. Y así fue. Las parroquias y capillas de Regueiro no tenían nunca crisis de vocaciones.

Él había aprendido de Don Bosco cosas elementales, que quizá aparezcan baladíes, como que para evangelizar tiene que haber una pelota: los chicos tienen que jugar. Y, ¿de dónde es la mayoría de la gente de Villa Pulmón? – De Corrientes. Entonces la patrona será la Virgen de Itatí. Venga una rifa. Y  pedía, nunca para él. Con las cosas de la Iglesia de siempre, desde el uniforme del sacerdote hasta la procesión, los sacramentos, bautizar, casar y “regularizar”, y el comedor, y la casita, y el pedido acá, y conseguirle trabajo al otro allá..., y el comedor y el Evangelio del amor, y la escuela, y el taller, siempre.

Pero aquel sermón... Casi una despedida. Yo no tiré el papel porque sabía que me serviría. Cuando tomé notas estaba pensando en este momento.

En Córdoba atendía no menos de 6 capillas. Cuando la noticia de su “sotana ensangrentada” los medios fueron a hacer la nota del cura capellán militar, que usa sotana, que es tradicional, viviendo en medio de la riqueza, que el prejuicio les marcaba, pero se llevaron un fiasco y tuvieron que reconocer el amor popular que lo rodeaba. ¿Cómo podía ser de otra manera si vivía para ellos quien decía y repetía “como tengo poca vida porque mi corazón no funciona, tengo que trabajar mucho”? Cuando dos amigos, un matrimonio y un sacerdote, estaban en Córdoba y preguntaron dónde estaba el Barrio Las Violetas para ir a visitarlo, el personal del hotel les dijo seriamente que lo pensaran, que no era un barrio seguro...

Su fallecimiento
El P. Miguel Ángel Regueiro falleció en Córdoba, en el barrio Las Violetas, en el mediodía del 1 de abril de 2008 y sus restos descansan en una capilla que él fundó, Santa Teresa.

Tengo el apunte de lo que Miguel dijo aquel día en el Santuario, cuando recuperó su libertad, perseguido, cargado de enfermedades, con dos cordobeses que tenían que llegar antes que anocheciera para que la gente pudiera comer, y yo tomé nota pensando que en corto tiempo más tendría que escribir sobre él este segundo artículo, con que ahora, dolorido, cumplo:

“¿Qué significa creer en Jesús? Significa no escaparle el bulto a la cruz. ´Quien quiere ser mi discípulo que tome su cruz y me siga´. Aquellas cosas que parecen cercenar nuestra felicidad hay que ofrecérselas. Hay que asumir la cruz con toda generosidad. Así como Él cambió el agua en vino, así también cambiará nuestras dificultades en felicidades. Venceremos el pecado. Venceremos la muerte”.

Para él el descanso y la victoria, para nosotros la lucha.

 

Héctor H. Hernández.

Aparecido textual así en “El Norte”, San Nicolás, domingo 4 de marzo de 2007, p. 17
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