Sábado, 4 de Febrero de 2012
Nuestra Familia
Nuestra Provincia
Escritos de Nuestro Fundador
  Ediciones del Verbo Encarnado
  Ejercicios Espirituales
  Consultas Vocacionales
  Contáctenos
  Enlaces
  El Teólogo Responde
  Foro de Teología Moral
  Foro Exégesis Bíblica
  Diálogo Interreligioso
  "Cornelio Fabro"
  Boletín Vox Verbi
  Boletín "El Sembrador"
  Homilética
  Pedido de oraciones
  EEUU
  Medio Oriente
  Chile
  Perú
  Asia Central
  Rusia
  Italia
  Brasil
  Pakistán
  Islandia
  Casa Generalícia
  Centro de Altos Estudios
  Vocaciones IVE
  Monasterio del Verbo Encarnado
 Suscríbase gratis
 Ver números anteriores
El Sembrador N° 25 Año 5 (2012)
Consideraciones para cada día de la semana
San Juan Bosco

Consideraciones para cada día de la semana

 

Deseando, hijos míos, que tengáis diariamente un rato de meditación, os ofrezco una corta consideración para cada día de la semana, y espero que la leeréis atentamente; esto, en el supuesto de que no tengáis otro libro más a propósito para ello. Después de haberos arrodillado, decid:

“Dios mío, me arrepiento de todo corazón de haberos ofen­dido; os pido la gracia de comprender las verdades que voy a meditar y de inflamarme de amor por Vos. Virgen Santísima, Madre de Jesús, rogad por mí”.

 

Lunes

El pecado mortal

 

1º. ¡Si supieras, hijo mío, lo que haces cometiendo un pe­cado mortal! Vuelves la espalda a Dios, que te ha colmado de beneficios; desprecias su gracia y su amistad. Le dices con los hechos: “Alejaos de mí, Señor; no quiero ya obedeceros, serviros ni reconoceros por mi ojos: Non serviam! Quiero que mi Dios sea ese placer, esa venganza, esa cólera, esa mala con­versación, esa blasfemia...” ¿Puede imaginarse ingratitud más monstruosa? Sin embargo, esto es lo que haces ofendiendo a Dios.

2º. Es tanto más negra esta ingratitud, cuanto que para cometerla te sirves de los mismos bienes que Dios te ha dado. Oídos, ojos, boca, lengua, pies y manos te han sido dados por Dios, y los has empleado para ofenderle. Escucha lo que dice el Señor: “Hijo mío, te he creado a mi imagen y semejanza; te he dado cuanto tienes; has nacido en la verdadera religión; te he concedido la gracia del bautismo; podía haberte dejado mo­rir cuando estabas en pecado, y te conservo la vida para que no te condenes; y tú, olvidando tantos beneficios, ¿quieres ser­virte de esos medios, que yo te he dado, para ofenderme?” ¿Cómo no mueres de dolor ante una injuria tan enorme contra un Dios tan bueno?

3º. Considera, además, que este Dios de bondad no deja de estar justamente irritado con tus ofensas, y que, cuanto más continúes viviendo en pecado, tanto más excitas contra ti su cólera; por lo cual debes temer que el Señor te abandone si multiplicas tus faltas: In plenitudine peccatorum puniet. No porque te falte su misericordia, sino porque no tendrás tiempo de implorarla. El que abusa de las gracias de Dios, no merece que Él se las conceda. Grande es el número de los pecadores que vivieron en pecado con la esperanza de convertirse; pero la muerte llegó cuando menos la esperaban. Dios no les dio tiempo para reconciliarse con Él, y ahora se hallan perdidos para siempre. ¿No tiemblas al pensar que puede sucederte lo mismo? Después de tantas culpas como Dios te ha perdonado, ¿no podría castigarte al primer pecado mortal que cometieras y precipitarte en el infierno?

Dale gracias por haberte esperado hasta ahora y toma una firme resolución, diciéndole: “¡Oh Dios mío, cuánto os he ofen­dido hasta el presente! ¡Basta ya! Quiero emplear la vida que me resta en amaros, en llorar mis pecados, arrepintiéndome de ellos de todo corazón; Jesús mío, quiero amaros; dadme fuerzas. Virgen Santísima, Madre de Dios, ayudadme. Así sea”.

 

(San Juan Bosco, El Joven Cristiano Instruido, escrito extraído de  Biografía y escritos de San Juan Bosco, BAC, Madrid, 1967, 629-65)

Contador de Visitas: