Lunes, 6 de Septiembre de 2010
Nuestra Familia
Nuestra Provincia
Escritos de Nuestro Fundador
  Ediciones del Verbo Encarnado
  Ejercicios Espirituales
  Consultas Vocacionales
  Contáctenos
  Enlaces
  El Teólogo Responde
  Foro de Teología Moral
  Foro Exégesis Bíblica
  Diálogo Interreligioso
  "Cornelio Fabro"
  Boletín Vox Verbi
  Boletín "El Sembrador"
  Homilética
  Pedido de oraciones
  EEUU
  Medio Oriente
  Chile
  Perú
  Asia Central
  Rusia
  Italia
  Brasil
  Pakistán
  Islandia
  Casa Generalícia
  Centro de Altos Estudios
  Vocaciones IVE

INSTITUTO «DOMENICO ZIPOLI»

UN INSTITUTO PARA LA DIFUSIÓN DE LA CULTURA MUSICAL

 

Presentación

Considerando la necesidad e importancia de fomentar cualquier expresión auténtica del espíritu del hombre, y viendo una manera concreta de encarar la actual y multifacética tarea de la evangelización de la cultura, el Instituto Del Verbo Encarnado, dando lugar a comunes inquietudes de sus miembros y numerosos laicos allegados a él, ha creado en el año 1994 el Instituto Domenico Zipoli con el fin de promover y difundir todo aquello concerniente a la cultura musical.

Desde su fundación se ha puesto esta institución bajo la protección de Santa Cecilia, patrona de la música, pidiéndole a ella su intercesión ante Dios Todopoderoso y así poder cumplir con el fin y los objetivos propuestos en bien de los hombres y para gloria de la Santísima Trinidad.

El nombre

El Instituto lleva el nombre de Domenico Zipoli porque se ha visto en la figura del célebre músico jesuita italiano un modelo concreto de inculturación, término que 'expresa de maravilla uno de los elementos del gran misterio de la Encarnación' (Juan Pablo II, Discurso ante la Pontificia Comisión Bíblica, Roma, 26.IV.79).

En efecto, Domenico Zipoli, abandona su Italia natal para venir como misionero a América cuando la Argentina era todavía una colonia española y se transforma con su vida y obra en el nexo que unió en un admirable intercambio a dos pueblos en la fe y en el arte.

'Sabía cuanto gustaban de Orfeo los guaraníes que, en sus treinta Reducciones, tenían entonces los jesuitas en lo que es hoy la provincia de Misiones y regiones adyacentes, y fue su ideal ser jesuita y misionero, y así pasar su vida entre aquellos indígenas. Había comprendido y había sentido, como pocos habían sentido, lo que hay de bello en las armonías musicales, pero había comprendido aquella otra belleza, que es también música y armonía, aunque más íntima, y que se halla muy principalmente en la vida heroica, ya que como expresó Luis de León en su celebérrima 'Oda a Salinas', está en manos del hombre embellecer todo lo que ama y divinizar todo lo que hace' (G.Furlong,S.I.).

Zipoli nos trajo, como un bien, lo mejor de la música de su época para hacerla florecer entre los nuevos pueblos americanos que la recibieron y amaron como suya, pues todo bien que brota del espíritu humano es reflejo del supremo Bien y se convierte en patrimonio de todos los hombres.

Nuestro emblema: un ángel músico

El ángel es una criatura puramente espiritual creada por Dios al principio de los tiempos, dotada de gran inteligencia y de poder superior a los hombres. Ángel, palabra de origen griego, significa mensajero, y es nombre de oficio y no personal. 'El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel' (San Agustín). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios.

Aparecen desde los comienzos de la creación y su ministerio perdurará hasta la consumación de los tiempos. Cierran el paraíso terrenal (Gn 3,24), protegen a Lot (Gn 19) y detienen la mano del obediente Abraham (Gn 22,11). Conducen al pueblo de Dios (Ex 23,20-23) y asisten a los profetas (I Re 19,5). Un ángel anuncia a María la encarnación del Verbo de Dios (Lc 1,26-38) y da a los pastores la Buena Nueva del nacimiento del Salvador (Lc 2,10-11). Sirven a Jesús en el desierto (Mt 4,11) y en Getsemaní, será un ángel quien confortará al Señor en su agonía (Lc 22,43). Darán testimonio a las santas mujeres de la Resurrección de Cristo (Lc 24,4-6)) y anunciarán la hora del Juicio universal (Ap 14,6-7).

Además, 'cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida' (San Basilio), pues Dios, ha establecido un ángel custodio para cada hombre, siendo 'enviados para servicio en favor de los que han de heredar la salvación' (Hebr 1,14).

Más, los ángeles, son el paradigma de la alabanza al Altísimo. Desde el trisagio seráfico (Is 6,3) y los que honran a Dios en su trono según la invitación exultante: '¡Alabad a Yahvéh desde los cielos, alabadle en las alturas; alabadle, ángeles suyos todos, todos sus ejércitos, alabadle!' (Ps 148,1-2), hasta aquellos que cumplen la orden del Padre cuando introduce 'a su Primogénito en el mundo, - y - dice: 'adórenle todos los ángeles de Dios'' (Hebr 1,6) y que acompañarán al Señor al final de los tiempos (Mt 25,31).

Pero la exteriorización de la perfecta alabanza de ángeles y también de hombres se emparienta con el arte, un arte que es poesía y canto, un arte que es música: 'Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo, acompañando vuestra música con aclamaciones' (Ps 32,2-3).

Así como el gran Artífice hizo de la nada su obra maestra, la alabanza de Dios, de sus maravillas, debe necesariamente vincularse con el arte, para que un lenguaje común sea el nexo que misteriosamente vincule lo humano y lo divino. Con arte indescriptible dejó el Creador escapar de sus manos la belleza más exquisita con que adornó a cada criatura y ese mismo arte, que admira a hombres y ángeles, se vuelve hacia su Señor transformado en alabanza.

Esa alabanza encuentra entonces en la música su expresión más acabada. La voz de los ángeles glorifican a Dios en Belén porque el Autor de la belleza ha nacido (Lc 2,13-14) y el hombre, maravillado de la misericordia del Todopoderoso, proclama haciendo suyas las palabras del salmista: 'Voy a cantar la bondad y la justicia, para ti es mi música, Señor' (Ps 100,1).

Y como la música, es una imitación de la naturaleza que ha salido de las manos de Dios, 'su perfección consiste en representar la más hermosa naturaleza posible' (Chateaubriand, El genio del cristianismo), de este modo, la música más bella es la que deja traslucir más perfectamente la obra de Dios.

Nuestro emblema es un ángel músico tomado del friso tallado en piedra que corona las paredes de los cruceros de la iglesia de la Reducción jesuítica de Trinidad, templo construido por Giovanni Battista Primoli en 1744.

Un ángel músico, pues 'los ángeles nos han legado el canto, porque el origen de los conciertos está en el cielo' (Chateaubriand, Ibid.).

Un ángel músico, porque así como este ser expresa la perfección y belleza de la creación en la mayor cercanía con el Creador, aspiramos a recrear la más hermosa música que refleja la Belleza increada y transmitirla a los hombres, para que amándola, amen también a Aquel que le dio su origen, su ser, su bondad y su finalidad. Para que todos aclamen desde la intimidad del alma: 'Alabad al Señor, que la música es buena' (Ps 146,1).

Nuestro fin

La Redención obrada por Cristo, cuyos beneficios se prolongan y difunden a través de la Santa Iglesia, comprende no sólo el rescate del hombre sino también de todo lo que es del hombre. De este modo 'las bellas artes, - fruto del espíritu humano - identificadas, por así decirlo, con los pasos de la religión cristiana, la reconocieron por su madre no bien apareció en el mundo; ellas le prestaron sus encantos terrenales, y ella le comunicó su divinidad' (Chateaubriand, Ibid.).

Con esta institución, pues, se encara como apostolado el campo de la cultura musical porque 'ninguna actividad humana es extraña al Evangelio' (Juan Pablo II, Homilía de la misa celebrada en la plaza de la Independencia, Acra, Ghana, 10.V.80).

Así el fin último del Instituto Domenico Zipoli es poner en práctica los beneficios de la Encarnación-Redención participando de la evangelización de la cultura en un particular ámbito de la creación del espíritu humano: la música.

Los objetivos

Los objetivos del Instituto Domenico Zipoli se centran en:

Educar la conciencia respecto a la buena música, la música de siempre, que eleva el espíritu del hombre.

Crear una capacidad de discernimiento crítico.

Fomentar el hábito por las manifestaciones musicales.

Promover los intérpretes jóvenes, principiantes o con menos posibilidades, sobre todo aquellos de nuestro medio local.

Implementar una acción pedagógica invitando a profesores, docentes y músicos experimentados.

Apoyar el estudio y ejecución de la música religiosa, sobre todo litúrgica.Estos objetivos se cumplirán sobre todo a través de las siguientes actividades:

Apoyo pedagógico para docentes y profesores.

aEventos especialmente orientados a jóvenes y niños.

Conciertos abarcando los diversos géneros y estilos.

Cursos orientados a facilitar la interpretación de la música religiosa como parte integrante de la Liturgia.

Conferencias, charlas y debates.

Creación de una biblioteca y 'videoteca' especializada.

Publicación de material informativo y pedagógico.

Vinculación con intérpretes o instituciones similares para elevar y actualizar el nivel de la cultura musical tanto en el campo pedagógico como artístico.

Los medios

Consideramos que la caridad es la que permitirá que nuestro accionar tenga más presente la continua asistencia y dependencia de la divina Providencia y también nos llevará a lograr con mayor efectividad y libertad los fines buscados.

Por esto, para cumplir con los objetivos propuestos, y en vistas a quienes primariamente están dirigidos, es decir a la juventud, el Instituto Domenico Zipoli contempla, en principio, la realización de sus actividades en forma gratuita.

Los medios con que se cuentan para la realización de cualquiera de los eventos programados, tanto artísticos como pedagógicos, son fruto de donaciones en dinero, especies o servicios de aquellos que colaboran desinteresadamente en este apostolado cultural, que, con la ayuda de Dios, solo busca ser una manera para enriquecer el espíritu del hombre y elevar su cultura.